Oxfam's EU Advocacy office in Brussels

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Está claro que lo que sucede en el Cuerno de África se podría haber evitado. Europa tiene mucho que decir y hacer.

La fuerte sequía que azota la región es el detonante de la tragedia, aunque en el fondo, la raíz del problema no es solamente climática.

La hambruna que afecta a más de 12 millones de personas en Etiopía, Kenia, Somalia y Uganda es síntoma agudo de un sistema alimentario global fallido, roto. Gobiernos e intereses empresariales sostienen un mundo donde, a pesar de haber comida para todos, una de cada siete personas se va a la cama, cada día, con el estómago vacío. Es inaceptable.

Hemos entrado en la era de las crisis: la de escaladas en el precio de alimentos y petróleo, de disputas por la tierra y el agua, de un cambio climático sigiloso pero alarmante.

Si seguimos así, el precio de alimentos básicos como el maíz aumentará más del doble en los próximos 20 años, según revela un estudio reciente de Oxfam.

· Consultar el estudio .

La mitad de este aumento se deberá al cambio climático. Aunque en mucha menor medida que en los países pobres, desde hace ya un par de años en Europa, muchas familias comen menos y peor debido a la subida de precios.

· Consultar el informe .

¿Qué pueden hacer nuestros políticos para poner frente a este reto global sin precedentes? Mucho. Pueden hacer mucho.

Durante los próximos meses se debatirán en el seno de la Unión Europea una serie de políticas que podrían culminar en la receta perfecta para que Europa contribuya a acatar la raíz de la inseguridad alimentaria.

Primero, frenar la volatilidad del precio de los alimentos haciendo frente a la especulación con las materias primas agrícolas. Barclays Capital, el principal actor en el mercado de derivados de materias primas agrícolas, podría haberse embolsado 406 millones de euros en 2010 especulando con los alimentos.

Segundo, eliminar las cuotas y subsidios a biocombustibles que fomentan tanto la subida del precio de los alimentos como la expropiación de tierras en los países en desarrollo. Sólo para satisfacer las necesidades de Europa en materia de biocombustibles se requeriría convertir hasta 69.000 km2 de ecosistemas naturales en cultivos, un área mayor que Bélgica y los Países Bajos juntos.

Tercero, invertir más en los productores de alimentos a pequeña escala en países en desarrollo. En 2009 el conjunto de ayuda europea a la agricultura en países en desarrollo (1.450 millones de euros) fue 16 veces inferior que las ventas netas de LD Commodities, la rama para materias primas de Louis Dreyfus, una de las cuatro mayores empresas comercializadoras agrícolas del mundo.

Cuarto, liderar la lucha contra el cambio climático y su impacto en la producción mundial de alimentos. A nivel global, entre un 10 y un 20 por ciento de personas más correrán el riesgo de pasar hambre hacia el 2050 debido al cambio climático. La mayoría serán de países en vías de desarrollo, con un 65 por ciento del total previsto en África.

¿Dejaremos algún día de ver mareas de gente desamparada huyendo de sus hogares en busca de ese puñado de arroz con que alimentar a sus hijos? A día de hoy, y visto el sufrimiento del este de África, ésta es una imagen que Europa no puede permitirse. Hay soluciones.

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